sábado, 13 de noviembre de 2010

La barbarie de la civilización


La casona aún es cálida. Pudiendo distinguir la paz compinche, el intercambio de emociones o el respeto mutuo, la distensión es total. En algún lugar de la pequeña Olta, dónde el compadre Felipe Oros refugia a su amigo, su compinche, su brazo.

Desde las andanzas de los fantasmas que acompañan el miedo, aquellos que se hacen llamar fuertes, nobles y civilizados, están sumergiendo las manos en la arena y mirando como esta se les escapa entre los dedos. Eso causa incertidumbre, pero no importa. La casona está armoniosa mientras afuera, estado de sitio.

Los peces grandes suelen tener políticas conservadoras, sin importar las promesas o los sueños justos que se desarrollen en un escenario violento. Esto hace, que el pueblo levante la voz, porque claro, todo es por sus intereses privilegiados.

Así, pareciera que la barbarie es más pacífica que la civilización, o simplemente, todo se trata de un sueño.

Cuando la paz reinaba, la puerta se posee de furia y (que irónico) barbarie. Don Chacho en la mesa compartiendo el desayuno con su hijo y su mujer, contagiado de esa mañana serena, se pone de pie. El mate aún en su mano, era testigo. El capitán Roberto Vera, acompañado de 30 hombres, entra con su mirada estancada en la del Chacho. Le pareció hasta amable, pero lamentablemente no venía a eso. El Chacho, saca su faca (el que desgraciado nace, entre los remedios muere), y se la entrega al capitán: “estoy rendido”.

La casona deja de ser cálida, y un fresco ambiente rodea la escena. El capitán no está acostumbrado a la gente cortés, o a la resuelta pacífica. No sabe lo que es eso.

Un centinela aguarda junto al Chacho en un cuarto de la casona, mientras el capitán hace lo que tiene que hacer… informarle a su superior.

¿Qué mas se puede esperar? La historia nunca fue utilizada para lo que realmente sirve, aprender. Años tras años de derramar sangre, desarmonizando hasta el aire, quebrando almas inclusive de niños. Pareciera imposible soñar con un futuro próspero sin manchar el papel, sobre el cual inmortalizamos las ideas, de sangre. Pero si esto hubiese sido lo ideal, no hubiese sido lo lógico.

Al poco tiempo, cruza el marco de la entrada de la casona el mayor Pablo Irrazábal. Al poco tiempo, el mayor entierra una lanza sobre el pecho del Chacho, indefenso y sin intenciones de atacar. Al poco tiempo, estando el Chacho en el suelo con el pecho atravesado por una lanza, lo acribillan a balazos y le cortan la base de sus ideales: su cabeza.

La cabeza del Chacho fue una macabra exposición durante un tiempo el la plaza de Olta, acumulando moscas y morbo bárbaro. Su esposa, atada con cadenas fue obligada a barrer la plaza de San Juan. El pasto deja de crecer y el aire de hace espeso.

Se han callado las voces de aquella civilización. El mayor responde al gobernador.

El señor Domingo Sarmiento, gobernador de San Juan, el adquisidor del trofeo. Orgulloso de su empeño, su dogma y su liderazgo en la persecución del Chacho le escribe a su colega Bartolomé Mitre: “...he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses".

Ángel Vicente Peñaloza, murió asesinado el 12 de Noviembre de 1863.

domingo, 10 de octubre de 2010

Las 03:10 (primera parte)

La puerta cerrada no cedía. Mi amigo la forzaba una y otra vez haciendo palanca con un hierro, pero nada. Madera maciza, cerrojo pequeño... o eso parecía.
- Qué estamos haciendo exactamente?- pregunté.
Mi amigo me mira con actitud sobrante, como si fuese demasiado obvio.
-Tratando de abrir esta puerta... no parece? Algo debo estar haciendo mal.
-No, no! Ya sé. Pero, para qué?
-Porque del otro lado está el tesoro!
-Qué tesoro?
Algo me parecía confuso. Él parecía compenetrado con lo que hacía. Hasta me pidió una navaja, cosa que me pareció muy extraño. Pero igualmente metí mi mano en mi bolsillo y encontré una. Cómo puede ser? Desde cuándo yo llevo una en el bolsillo? Me quedé mirándola, y preguntándome.
-Qué hago con esto en el bolsillo?
-Dejá de hablar con las cosas y dame eso.
Le doy la navaja a mi compañero, y observo lo que trata de hacer. Luego me doy cuenta que existe algo alrededor nuestro. Y lo único que veo es una habitación vacía, de color verde. Muy oscura, con sólo una luz dando hacia la puerta que, dicho sea de paso, era la única forma de entrar o salir de allí.
-Cómo mierda nos metimos acá?- Fue lo primero que atiné a decir.
-Callate que me parece que se está abriendo!
Con un seco tirón del picaporte, y la puerta se abrió de golpe arrojando a mi amigo, desparramándolo por el suelo.
Veo que desde el exterior entra una luz, ruido y hasta vida. Salgo despacio y la primer imagen que se me presenta es la de un bosque enorme con dinosaurios, rondando por todo el espacio verde. Fuentes de agua, montañas, aves, sol. Un lugar que hasta emanaba paz.
Veo que mi amigo se incorporó y vio exactamente lo mismo que yo.
-Este es tu tesoro?- lo miré como tratando de entender algo de lo que pasaba.
-Qué es esto? Dinosaurios garchando por todos lados?
Cuando vuelvo la vista en el paisaje, veo que eso era cierto. Un velocirraptor dándole murra a un triceratops, chico.. quizás, adolescente (?). Hasta los pterodáctilos en el aire, danzando entre las ramas. Y algunos, hasta chocando con los árboles por darle con tantas ganas.
Pero de golpe siento una luz que choca de frente contra mí. Todo es confuso.


Creo que estuve mucho tiempo en esta posición. La cabeza contra el colchón, dejando que la almohada caiga del otro lado de la cama. Cómo me van a romper las bolas las cervicales en el día....
Me levanto, aún sin encender la luz. Todo es bastante oscuro..... Imagino que el reloj debe estar por dar las 6 am, hace días que me viene pasando. Me despierto dos o tres minutos antes de que suene el despertador, y tener que salir a laburar. Hoy es Miércoles.
Más o menos, por más hecho mierda que esté, sé de memoria el tamaño de la cama como para bordearla y salir por la puerta que está del otro lado. Hasta ahí, vamos bien.
Al salir por la puerta, trato de enfilar hacia la cocina para tomar algo (como decimos en el barrio, tenía "alta papa" en la boca) y de paso, confirmar la hora para saber si me empiezo a desperezar o quizás pueda seguir durmiendo un rato más.
No tomé en cuenta que el gato podía andar por ahí, así que piso su cola lo más tranquilo. Él emite un gemido que lo hacer correr como condenado. Tampoco me cercioré de que estaba el bebedero del gato, el cual pisé. Cuando llego a la cocina, veo el reloj del microondas tratando de enfocar lo mejor posible, pero una lagaña me lo impide. La saco con la mano. Miro por la ventana que da a la calle y veo que es de noche. Momento. Debe faltar para las 6. Miro el reloj del mocroondas nuevamente: 03:10.
Buenísimo. Todavía tengo horas por dormir. Vuelvo a la cama....

No se cuanto cormí. Pero vuelvo a despertarme. Me siento más descansado. Esta vez prendo la luz, y veo el reloj cerca de mi cama: 03:10. Algo anda mal.
Me levanto y enciendo mi celular. El reloj marca: 03:10. Puta madre.
Salgo de la pieza hacia la cocina, sin pisar al gato esta vez, pero volviendo a meter el pie en el bebedero. Puta madre.
Por la ventana de la cocina sigue siendo de noche. Hay un leve movimiento de gente, pero sigue de noche. Miro el mocroondas: 03:10. Algo no cierra. Ya en los trayectos de la pieza a la cocina se fue más de un minuto, y todos los relojes no se pueden confundir....

El combate estratégico

Lo de siempre, aves que vienen... aves que van. Indiferentemente, muestro la cara de la moneda que no sale y camino por los largos pasillos, contemplando las marcas indelebles que va dejando la historia.
Sin embargo, el desarrollo hace que la ofensiva sea el desarrollo. Si bien, es importante manterse en bloque y no dejar filraciones por esos hábiles soldados que mueven su libertad de una punta a otra, veo cómo las tropas toman fuerzas en la mitad del campo de batalla y, cómo si fuese fácil, aguardan y avanzan.
De vez cuando el soldado de las diagonales se muestra en el meridiano, y apunta con su amenaza particular sobre los peones de la primera fila, los que todavía defienden su muralla originaria. Pero todavía juegan los caballos, que a lo largo de la peripecia se sienten más y más libres no importándoles, si algo se interpone en el trayecto: ellos llegan igual.

Esperando.... ahora Dami tiene que evaluar el mapa, y tomar una desición...
Mientras, espero....